Elecciones Brasil 2018

Bolsonaro: ¿El Messias de un nuevo electorado en la región?

El pastor evangélico y secretario ministerial Ronaldo Fonseca durante una misa de la iglesia evangélica de las Asambleas de Dios en Brasilia, el 5 de agosto de 2018. (Reuters)

Con la totalidad de los votos escrutados, la aplastante victoria de Jair Messias Bolsonaro por más de diez puntos sobre su rival, el petista Fernando Haddad es una realidad. Y la seguidilla de candidatos outsiders, incorrectos, prima facie sin chance alguna de alcanzar la presidencia alcanzan finalmente su cometido. A espaldas de los editoriales sesudos y moralizantes de las usinas informativas más influyentes, que tan responsablemente alertaban sobre el peligro de la “barbarie” bolsonista, (del mismo modo que lo hicieron con Donald Trump), aquí estamos. Trump lo hizo. Y Bolsonaro también.

Más allá de los aspectos particulares de la victoria del ex capitán del ejército sobre el delfín de Da Silva (como el brutal apoyo del electorado rico y blanco a Bolsonaro versus el pobre y negro que apoyó a Haddad) hay dos cuestiones que podrían ser destacadas:

Por un lado, el impactante giro político en la región. Tan sólo diez años atrás, la centro izquierda (o progresismo o populismo según el cristal político con que se analice) parecía ser imparable. Bonanza económica por commodities en precios record y sinergia ideológica sin antecedentes en la región. Sólo bastaba ver las imágenes de Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez, Lula de Silva y Michelle Bachelet aplaudiendo al unísono junto a un joven Rafael Correa, en lo que era la VI Cumbre Suramericana en Isla Margarita. ¿Quién pensaría que diez años después estos referentes estarían muertos (Kirchner y Chávez), investigados (Bachelet y Correa) o presos (Da Silva y quizás en un futuro Cristina Fernández)?

Pero un elemento sumamente interesante, y que habría que seguir con atención es la emergencia de un nuevo actor social, sin dudas protagonista en las sucesivas elecciones: el electorado evangélico.

Es que, en Brasil, este colectivo social suma 42,3 millones de personas, el 22,2 % de la población. Junto a los partidarios de las armas y los ruralistas forman en el parlamento la bancada conocida como BBB (por bala, buey y Biblia). Para poner en contexto: en 1982 había tan sólo dos diputados pertenecientes a las iglesias pentecostales en el Congreso, en 1986 pasaron a ser 18, en 1990 23, en 2010 73 y hoy en día ya suman los 87 (sobre 512 parlamentarios).

Obispo Edir Macedo. Dueño de TV Record.

Pero no solamente el voto evangélico es importante por su caudal electoral: También lo es por su relevancia en el terreno de lo medios de comunicación, como es el caso de la cadena TV Record, propiedad de Edir Macedo y señal de la poderosa Iglesia Universal Reino de Dios. Se trata del segundo canal con mayor audiencia del país. Y fue allí donde Bolsonaro hizo su versión libre de debate desde su casa (en realidad fue una cómoda entrevista), mientras el resto de los candidatos participaban del debate oficial por la señal de O Globo.

 

¿Y en la Argentina?

¿Porque puede ser esto importante para nuestro país? Porque más allá de las particularidades de Brasil, donde el electorado evangélico tiene un peso específico sensiblemente mayor al de otros países de la región, estamos ante un fenómeno de carácter regional. Y nuestro país no es una excepción.

De acuerdo a un estudio realizado por profesionales del Conicet –“Primera encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina“– por ejemplo en el centro del país (provincias de Santa Fe y Buenos Aires) el 11% de la población adhiere a expresiones religiosas evangélicas. Pero más allá de este porcentaje, es el culto que más crece en el país.

En un contexto de debate por los derechos de las minorías sexuales, igualdad de género, aborto y demás temas presentes en la agenda pública y la política, el voto evangélico puede, en primera instancia, constituirse (así como sucedió en Brasil) en un espacio contra reformista de real influencia y en un virtual (como dicen en Brasil) desempatador constante. Un electorado también susceptible a discursos de índole personalista, e improntas liberales debido a su característica visión de la autorealización como fruto del esfuerzo personal, del rechazo de la pobreza como virtud per se, y de la búsqueda de la riqueza como signo de aprobación divina. Rasgos que un pensador como Marx Weber abordó en su labor teórica y que los distinguen de la mirada tradicional católica sobre la pobreza.

Justamente uno de los dirigentes que más se ha acercado al universo evangélico ha sido el presidente Mauricio Macri. Durante la campaña del 2003, fue el único candidato a jefe de Gobierno que aceptó la invitación de una iglesia evangélica a un acto realizado en Costa Salguero. También, en la gestión porteña, mantuvo durante años reuniones privadas con pastores. Y actualmente la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley trabajan con un grupo de pastores del Conurbano.

Aun así, surgen muchos interrogantes. ¿Tendrá el mismo comportamiento político el electorado evangélico argentino que el brasilero? ¿Será un especio contra reformista, de índole nacionalista y liberal como su homónimo carioca? ¿Continuará su acercamiento al gobierno de Cambiemos como ya lo está haciendo a través de la gobernadora María Eugenia Vidal y la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley?

Dicen que cuando Brasil estornuda, Argentina se resfría. Habrá que ver entonces si es muy contagioso.

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